De la desesperanza en una de las esferas más pequeñas del universo
CAPÍTULO V – AUSENCIA
CAPÍTULO VI – ?
Para Isa:
A ti, que ya no estás, y cuya fatalidad nos volvió a separar, pero cuya sombra sigue temblando dentro de mí, a tu voz que aún resuena en los rincones del silencio, y a tu ausencia que se volvió mi compañía en medio de este absurdo incoherente, te escribo estos aforismos para evocarte, para mantenerte viva en mí, y porque todo lo que pienso y escribo aquí nació del vacío que dejaste. Tu nueva y definitiva partida me enseñó que el amor también puede ser una forma de ruina o maldición, y que la desesperanza, cuando se ama de verdad, no es rendición, sino fidelidad a lo perdido. Estos dos capítulos son para ti desde lo más profundo de mi ser, a tu ausencia, donde he podido encontrar el abismo donde ahora pienso tu perdida, y porque deseo llenar esa ausencia con tu presencia, con tu ser, un día, en la eternidad.
CAPÌTULO 1 – AUSENCIA
AFORISMO 1
Se cree que la ausencia se mide por lo que falta, pero en realidad se mide por lo que tal vez no llegará aún o no llegara, se espera en vano la restitución de lo perdido, y esa espera es el verdadero verdugo del espíritu. La desesperanza interrumpe ese tiempo muerto de ilusión, nos arroja al instante desnudo, sin promesas de retorno, es entonces cuando vemos que el dolor no es castigo, es apenas la huella de haber creído en lo imposible.
AFORISMO 2
Entre las grietas del tiempo se desliza la sombra de lo ausente, no anuncia su llegada, simplemente devora lo que creímos tener, y en su silencio se revela que todo es frágil. El absurdo sonríe, pues lo que amamos está condenado a deshacerse, la desesperanza no inventa sustitutos, solo señala la pérdida desnuda, cada cual aprende que nada permanece salvo el vacío, y en esa aceptación se disuelve el engaño del recuerdo, la ausencia duele por lo que falta, y por lo que nunca fue.
AFORISMO 3
Hay ausencias que pesan más que la presencia del mundo entero, se sientan en la carne como piedras invisibles e infinitas, cada uno, atado a la ilusión, busca razones y consuelos, pero la razón es un disfraz que no calma la herida, allí, la desesperanza no anestesia, no suaviza, no promete retorno, es un espejo que muestra que estamos solos en nuestra espera, y en ese espejo se refleja la verdad, nada vendrá a salvarnos, por ello la ausencia no es excepción, es la regla que gobierna el ser.
AFORISMO 4
No hay ausencia más brutal que la del sentido, el mundo sigue girando, los días se suceden, pero nada responde, las voces, las miradas, los cuerpos, todos callan en lo esencial. La esperanza insiste en que un día el silencio hablará, pero la desesperanza corta esa ilusión de raíz, el silencio no se rompe: es la naturaleza de todo y el absurdo es descubrir que no hay mensaje detrás del muro, y aun así seguimos vivos y muertos a la vez, caminando dentro del mutismo eterno.
AFORISMO 5
Hay ausencias que no duelen en la piel, sino en el alma que ya no responde, No dejan vacío, dejan un eco que se pudre lentamente en la conciencia. Todo sigue, pero algo dentro se ha detenido para siempre, allí, La desesperanza se sienta junto a uno, como un amigo que ya no habla, no promete consuelo, solo comparte el silencio del derrumbe, y en ese silencio se entiende que nada regresa, que nada sana, todo se convierte, tarde o temprano, en polvo emocional, y se aprende a respirar entre cenizas y recuerdos que con el tiempo trascenderán.
AFORISMO 6
A veces la ausencia no se siente, se habita, como un cuarto sin luz ni salida, allí el alma no llora, solo se oxida lentamente, sin ruido ni esperanza. El tiempo deja de ser línea y se convierte en una herida que no cicatriza, nada llega, nada parte, todo permanece inmóvil en su ruina, la sin razón habita, pero al menos no miente, dice que todo se fue, y aquí nos quedamos, respirando el polvo de lo que alguna vez tuvo nombre. La oscuridad ya no asusta, se vuelve una forma de compañía, porque en ella, al menos, no hay nada que prometa volver.
AFORISMO 7
Hay ausencias que no matan, pero desarman con una lentitud casi sagrada, no destruyen de golpe, sino a través del hábito de seguir viviendo. Cada día sin ella es una plegaria sin dios, una espera sin causa. La desesperanza se vuelve entonces una forma de fe invertida, creer, con lucidez, que nada vendrá y aun así respirar. El alma deja de pedir respuestas y aprende a contemplar el abismo, allí, en el fondo del vacío, algo parecido a la verdad tiembla, y su nombre es silencio.
AFORISMO 8
La ausencia no se supera, se incorpora, como un órgano invisible, late sin ritmo, pero sostiene la vida con su dolor constante. Hay noches en que parece dormir, y otras en que despierta y devora, la desesperanza no la expulsa, la adopta, como quien abraza una sombra. En su frialdad encontramos una forma torcida de calor, porque lo ausente no muere: solo cambia de lugar dentro de uno, y el corazón, cansado de buscar, termina aceptando su fantasma, y la ausencia, al final, es el amor que se quedó sin cuerpo.
AFORISMO 9
Hay ausencias que pesan más que la muerte, porque siguen respirando, no se entierran, se arrastran dentro, como una sombra que recuerda el sol. Cada pensamiento se convierte en eco, cada gesto en despedida. La razón no intenta cerrar la herida, la contempla, la honra, porque en su borde habita la verdad de lo que un día volverá. El alma aprende a vivir sin promesas, solo con ruinas luminosas y en esas ruinas, a veces, se siente algo parecido al amor, un amor sin esperanza, pero aun así vivo, obstinado, infinito.
AFORISMO 10
A veces la ausencia no se siente en el corazón, sino en la mirada, Uno ve el mundo igual, pero todo ha perdido su espesor, su respiración, el aire sigue ahí, pero ya no alimenta; solo atraviesa. La desesperanza no llega como un golpe, sino como una calma helada, es el momento en que comprendes que nada te espera en ningún lugar. Ni dios, ni destino, solo la repetición del vacío, y aun así, sigues mirando, porque cerrar los ojos sería mentirte, eso es la verdadera tristeza, ver sin fe lo que sigue existiendo.